Pequeños inversionistas se abren espacio en la bolsa

23 03 2011

Cada vez es más importante la participación de los “pequeños inversionistas” en el mercado de capitales colombiano. Aquel mito donde se creía que la bolsa era para unos pocos, está completamente desvirtuado.

Procesos de democratización accionaria que realizaron compañías como Ecopetrol, ISA, Helm, Davivienda, entre otros, y las estrategias comerciales de la Bolsa de Valores de Colombia, los intermediarios financieros y otros actores del mercado de capitales para masificar la bolsa, explican este fenómeno.

Un informe de la BVC reveló que en el año 2010 un total de 27.123 personas naturales hicieron operaciones de compra de acciones a través de la plaza bursátil y 101.023 personas naturales hicieron operaciones de venta.

Precisamente, las personas naturales registraron una participación del 40% en el volumen de negociación de acciones el año pasado. El protagonismo de este actor del mercado aumentó con respecto al año 2009, cuando la participación estuvo cercana al 36%. En otras palabras, de cada $100 pesos que se negocian en la bolsa, $40 lo transan las personas naturales.

Esta situación llevó a las sociedades comisionistas a crear nuevos productos y fortalecer los canales de inversión de “pequeños inversionistas”.

Por ejemplo, en el mercado se encuentran hoy carteras colectivas que permiten inversiones desde $50.000, lo que ha posicionado estos fondos como el producto ideal para personas con bajos montos de capital o personas que no conocen el mercado de capitales y requieren canalizar sus recursos a través de compañías expertas en la administración de activos.

Cifras de la Superintendencia Financiera de Colombia revelan que a diciembre de 2009 había 100.302 suscriptores en las carteras colectivas de comisionistas de bolsa – SCB y sociedades administradoras de inversión – SAIs. A diciembre de 2010, el número de suscriptores ascendió a 115.475, lo que representó un incremento del 15% en un año.

Lo interesante es que el segmento con las mayores tasas de crecimiento es el de inversionistas con capitales entre $100.000 y $15 millones.

Hoy las personas están más interesadas en invertir en acciones colombianas que hace unos años, y una de las alternativas preferidas por los inversionistas son los fondos accionarios. Así lo demuestran las cifras: en el año 2010 el valor de las carteras colectivas en acciones administradas por SCB y SAIs pasó de $410 mil millones a $1.04 billones, esto es un incremento del 154%.

Otro producto ideal para invertir en acciones con bajos montos de capital son las plataformas online de las firmas comisionistas, donde el inversionista a través de una página web puede directamente comprar y vender los títulos de las principales compañías colombianas. La gran ventaja de estas plataformas son los bajos costos de comisiones que hacen viable invertir desde $1 millón.

De esta forma, podemos concluir que ya existen productos para invertir bajos montos de capital en los mercados financieros locales. Ahora, los intermediarios financieros deben trabajar en masificar también los mercados internacionales.

Recordemos que las comisionistas de Bolsa les permiten a las personas colombianas realizar inversiones en los mercados financieros internacionales a través de contratos de corresponsalía con agentes en el exterior. El problema de estas inversiones es que se requieren capitales por encima de $20 millones y los costos de comisión de las operaciones son aún muy altos.

Comprar acciones de Citibank, Coca Cola o Nestlé, invertir en petróleo, oro o carbón y hacer operaciones de opciones y futuros en divisas, debería ser tan común como negociar acciones de Ecopetrol, ISA o ETB. Claro, se requiere un proceso cultural para conocer y profundizar en los mercados financieros foráneos, pero hoy debemos empezar por tener canales de acceso con bajos costos y accequibles para pequeños inversionistas.

En las próximas columnas plantearé alternativas para masificar la inversión en los mercados financieros internacionales, a partir de portafolios de inversión que se han estructurado y desarrollan actualmente.

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¿Por qué no cerraron la bolsa de Japón?

16 03 2011

Con gran preocupación hemos seguido en los últimos días la tragedia japonesa, generada por el terremoto del pasado 11 de marzo y el tsunami que afectó principalmente las zonas costeras,
pero también los potenciales riesgos que se han detectado en las plantas de energía nuclear del país asiático.

Precisamente los problemas nucleares podrían traer consecuencias tan graves o incluso superiores a las generadas por el propio desastre natural y fueron la principal causa del desplome de las bolsas mundiales este martes.

El índice de Nikkei, principal referencia de las acciones de la bolsa de Tokio, retrocedió 10,55%. El lunes finalizó sobre los 9.000 puntos y ayer terminó la sesión en 8.605 puntos. Desde el instante del terremoto, el indicador ha caído 17%.

Es apenas lógico que los mercados reaccionen de esta forma frente a las acciones japonesas y que tanto los grandes inversionistas de ese país como los internacionales hayan decidido vender y liquidar sus posiciones en el país asiático.

Además, las nuevas noticias sobre fugas y explosiones en las plantas de energía nuclear incrementaron el nerviosismo del mercado.

Pero, ¿hasta qué punto este tipo de situaciones no se convierten también en el escenario ideal para que especuladores del mercado traten de obtener beneficios de corto plazo esperando peores noticias sobre el desastre natural y las plantas de energía?

Recordemos que en los mercados internacionales se pueden hacer operaciones de “venta en corto” para obtener ganancias con la caída de las acciones o los índices bursátiles. Son operaciones donde en un primer momento se vende el activo y posteriormente se trata de comprar a un precio inferior al de la primera operación.

Y este interrogante me lleva a otra gran pregunta. ¿Es ético pretender obtener ganancias en la bolsa a partir de tragedias humanas como la que afrontan los japoneses?

Claro, también hay que tener en cuenta otros puntos de vista. Por ejemplo, un inversionista en Tokio que vive en carne propia las consecuencias del terremoto, podría pensar en cubrir su capital en la bolsa a través una operación de “venta en corto” sobre el índice Nikkei. Sería una medida de cobertura que, en caso de agravarse la situación japonesa, podría proteger su capital, y tener mayor tranquilidad por lo menos en el aspecto económico.

Más allá del debate ético y moral sobre las ganancias rápidas que ahora buscan los especuladores o las alternativas de cobertura de riesgo que podrían utilizar los japoneses para proteger sus capitales, es en la legislación del mercado donde se deben resolver este tipo de temas.

Definitivamente considero que la mejor decisión hubiera sido cerrar la bolsa de Tokio durante varios días y no exponer las acciones del ya castigado país asiático, a la volatilidad de un mercado nervioso, especulativo y movido por las euforia de las noticias.

Recordemos el memorable 11 de septiembre cuando se generó el peor ataque terrorista sobre Estados Unidos. Ese día se cerró la bolsa de Nueva York y solamente volvió a operar hasta el 17 de septiembre; es decir, no se registraron negociaciones durante cuatro jornadas.

Está comprobado que en situaciones extremas son los pequeños inversionistas quienes presentan las grandes pérdidas, porqué son los primeros que salen a vender sus acciones “asustados” por las crisis y desplomes de las bolsas.

Diferente es la situación de inversionistas profesionales o con grandes capitales quienes tienen una capacidad para sostener sus posiciones y no dejarse contagiar por el nerviosismo de un mercado.

Por ello, es mejor cerrar la bolsa, esperar a que el mercado se informe de manera suficiente sobre lo que está sucediendo y una vez pase un tiempo prudente, reabra la plaza bursátil ya con un mercado menos afectado por las devastadoras noticias.

Que la situación de Japón sirva de experiencia también a los actores y legisladores del mercado de capitales colombiano para reaccionar rápidamente a situaciones extremas y proteger el capital, principalmente de pequeños inversionistas.





Un portafolio de $20 millones para 2011

23 02 2011
Normalmente cuando una persona tiene entre $10 o $20 millones para invertir en la bolsa piensa que su única posibilidad es hacerlo en una acción,
concentrando su riesgo en una compañía y atentando contra una de las reglas claves “no poner todos los huevos en la misma canasta”.

Es más. Se piensa que para estructurar un portafolio de inversiones y aprovechar las bondades de la diversificación, se necesitan más de $100 millones. A través de esta columna quiero plantear que con bajos montos de capital también se puede realizar una estrategia de portafolio.

Mi portafolio recomendado para este año con un capital de $20 millones se distribuye así: $7,5 millones en acciones (38% del portafolio), $2,5 millones en activos de renta fija (13%), $3 millones en divisas (15%), $5 millones en commodities (25%) y $2 millones en el sector inmobiliario o de infraestructura.

La parte de acciones sugiero distribuirla $2,5 millones en acciones colombianas, $2,5 millones en acciones de EE.UU. y $2,5 millones en acciones de otros países emergentes como Brasil, México, India o China.

Considero que 2011 será un año positivo para las acciones colombianas, las cuales se deberían ver favorecidas por el creciente interés de inversionistas extranjeros en el país y se puede aprovechar la corrección actual del mercado para comprar hoy a precios más bajos. Para ello, recomiendo una cartera colectiva de una sociedad comisionista de Bolsa que invierta en acciones.

Para invertir en Estados Unidos recomiendo comprar $2,5 millones en el ETF (exchange-traded fund) llamado SPY, el cual invierte en las acciones del Standar and Poors; es decir, en las 500 empresas más representativas del mercado estadounidense.

Los ETF son fondos de inversión que invierten en un país, mercado o sector específico. Son un vehículo óptimo de inversión toda vez que se transan en las bolsas de valores internacionales, lo que permite invertir o desinvertir en cualquier momento.

Para invertir en mercados emergentes, esto es los $2,5 millones restantes, sugiero comprar el ETF EEB, este fondo adquiere acciones de importantes compañías de países emergentes como Petrobras, Bradesco, Petrochina, China Mobile, etc.

Ante el actual contexto económico mundial, donde Europa sufre una crisis de deuda, y Estados Unidos vive una lenta recuperación, los mercados emergentes se presentan como una atractiva alternativa, con alto potencial de rentabilidad y crecimiento. Lo importante es diversificar y no concentrarse en un solo país ni un solo sector.

Por otra parte, recomendaba invertir $2,5 millones en activos de renta fija, el cual puede estar representado en una cartera de factoring o títulos de crediticios en nuestro país. Estos fondos administrados por comisionistas vienen creciendo a un ritmo acelerado y presentado rentabilidades incluso superiores a 8% ea.

En cuanto al mercado de divisas, espero para 2011 una caída significativa en la cotización del euro desde USD 1,36 hasta USD1,30 basada en una potencial subida de tasas de interés en EE.UU. primero y, posteriormente, en Europa. Por ello, sugiero comprar $3 millones en el EUO, un ETF que replica el comportamiento del euro frente al dólar. Si el euro pierde valor, el fondo EUO sube de precio.

La inversión en commodities puede equilibrar el portafolio, en caso de presentarse un panorama mundial negativo. La crisis social en medio oriente que se vive con intensidad en Egipto y Libia podría presionar al alza el precio del petróleo.

De allí, sugiero comprar $2,5 millones en el ETF USO, fondo que replica el comportamiento del precio del petróleo. Además, recomendaría hacer una “venta en corto” del GLD por $2,5 millones, ETF o fondo que replica el precio del oro, esperando una corrección bajista en el commoditie después de varios años de valorización y considerando que el precio actual estaría sobrevalorado.

Finalmente, para completar el portafolio de $20 millones, sugiero invertir $2 millones en el sector inmobiliario o de infraestructura en nuestro país, los cuales presentan altas expectativas de valorización. Para ejecutar esta estrategia recomiendo invertir en alguna de las nuevas carteras colectivas inmobiliarias o bien, comprar directamente acciones del sector de infraestructura como Odinsa o Conconcreto.








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